
Maru escribió una conmovedora carta para el diario La Nación:
“Hace cuatro años que perdí a mi sexto hijo, Facundo. A los seis
meses de embarazo, me había hecho una ecocardiografía para controlar que
en el corazón del bebe todo estuviera bien. Y así fue, era muy sano.
Por entonces eran las vacaciones de invierno, y yo estaba haciendo un
programa en vivo y me era imposible tomarme muchos días. Decidimos con
mi marido que él se iría una semana al Sur con los más grandes y yo me
acoplaría tres días con los más pequeños. A Facu lo dejaríamos con mis
padres para no exponerlo al frío.
Me costó muchísimo despedirme de Facu y eso es algo que se me
viene a la cabeza en todo momento. Pasamos unos días muy lindos, y mamá
me llamaba varias veces al día para contarme las picardías del bebe.
¡Estaban enamorados de él! Nosotros sabíamos que era el mejor lugar para
que estuviera Facu.
El día anterior a venirnos, mientras almorzábamos, le dije a Ber:
"Qué linda familia formamos". A la tarde, jugué a las escondidas con
los chicos y a la noche firmé delantales para chiquitos con problemas.
Les dimos de cenar a los chicos, y nos relajamos con Ber en un sofá.
Mientras, llamé a casa y hablé con papá, y me dijo: "Está todo bien,
Maru". Pero al ratito, no sé por qué, volví a llamar: "Está todo bien,
Maru, no te preocupes, mañana nos vemos", repitió.
A las 4 de la mañana, sonó el teléfono. Berni atendió, me miró y
me dijo la peor noticia que alguien te pueda dar. Me abrazó muy fuerte, y
me dijo: "Se murió Facu". Yo sentí en ese momento que me desplomaba. No
podía ser, alguien había entendido mal... Estábamos solos, los chicos
dormían. En San Martín no había vuelos y teníamos que irnos ya a Buenos
Aires. Bernardo fue a la recepción y comenzó a llamar a un remís que nos
viniera a buscar y, en silencio y con un nudo en la garganta,
comenzamos a agarrar la ropa de a bollos y a hacer los bolsos. Cambiamos
a los chicos y nos subimos a los autos, todo en silencio.
Así llegamos a Buenos Aires y ahí fue terrible el momento en que
les dijimos a los chicos, en el Día de la Primavera. Ellos lloraban sin
parar. Mati nos decía: "Ya no vamos a ser más seis", y nosotros le
decíamos que sí. Llegamos a lo de mamá y la imagen de Facu era muy
triste. Yo sentía que mi vida se había acabado.
La imagen de Facu era de paz, sentía que tenía como una luz
especial. No podía entender por qué la vida me había hecho esto. Lo
primero que hicimos fue decirles a mis padres que se quedaran
tranquilos, que para nosotros Facu se había ido en el mejor lugar y que
no teníamos dudas de que lo habían cuidado con todo su amor. Yo tenía
una mezcla de sensaciones espantosas, de querer tirarme por un
precipicio y de sentir que había cinco personitas que me necesitaban más
que nunca.
Vino la ambulancia a buscar a Facu y sentí que me sacaban el
corazón. No voy a olvidar en mi vida todas estas imágenes, las tengo
grabadas como una película. Luego fuimos a casa, donde estaban los
chicos, y nos juntamos con ellos a charlar con los padres Javier
Dilernia y Diego Díaz Pumara, que nos explicaron la muerte y cómo
enfrentarla.
En un momento, Agus me miró, y me dijo: "Ma, ¿por qué lo dejaste?
Él te necesitaba". Y sentí como una puñalada. Me era imposible imaginar
cómo seguir. Al día siguiente, el entierro fue desgarrador. De los
chicos sólo fue Agus y los demás le hicieron un dibujito y le
escribieron cartitas para poner en el cajón.
Fue muy fuerte sentir ese duelo con mi bebe, mi chiquito. Yo me
había quedado con ganas de verlo crecer, caminar, correr y hacer
travesuras con sus hermanos. Era tristísimo ver a Santi, el de un año,
buscarlo por la casa. Fue él, Santi, el que nos ayudó con su sonrisa y
sus mimos a salir.
El otro día, cuando bautizamos a María Inés, nuestra última hija,
el padre Javier decía que en nuestra familia, a pesar de todo lo que
había pasado, habíamos seguido adelante y que seguramente el amor nos
había empujado, y ahí sentí que, a veces, cuando me sentía ahogada y
abatida, una vocecita me decía: "Hay que seguir". Es difícil poder
seguir, pero hay que sobreponerse. Facu es mi sexto hijo y siempre está.
La verdad es que siempre lo busco, como la mamá Pata busca a sus
patitos todo el tiempo. Este dolor es insuperable. Nunca se supera esta
muerte, pero sí podemos seguir viviendo con ella. Y lo más importante es
estar unidos y escuchar a los chicos, dejarlos hablar y que no sea un
tema tabú. Facu está y estará siempre con nosotros”.
PRIMICIASYA